La discusión sobre IA en Saber Interactive tiene dos capas que conviene mantener separadas. Tim Willits, director creativo del estudio, dijo que Saber “nunca” ha reemplazado a una persona por IA y describió como sarcasmo los comentarios previos del director ejecutivo Matthew Karch sobre una escritora que afirmó haber sido sustituida por ChatGPT. Esa es la posición actual de un responsable de la compañía, no una resolución independiente de la disputa laboral.
El segundo hecho es menos ambiguo: Saber sí está experimentando con IA en Rideshare Stimulator. La información pública del proyecto distingue entre la campaña principal, personajes y diálogos escritos por humanos, y un modo opcional en el que aparecen misiones de pasajeros y localizaciones generadas con IA. También se ha señalado el uso de herramientas de IA para voz y parte de la localización. Esto importa porque la empresa no está negando el uso de la tecnología; está delimitando dónde la utiliza.
Willits añadió un tercer dato relevante al hablar de otros proyectos. Según su declaración, Saber no usa IA generativa para código, entornos o texturas en Space Marine, Hellraiser y Stuntman. La afirmación describe la política que el ejecutivo atribuye al estudio, pero no sustituye una auditoría independiente de los procesos internos.
La controversia nació a partir de las declaraciones de Stella Sacco, quien sostuvo que había trabajado como escritora principal de Rideshare Stimulator y que fue reemplazada por ChatGPT durante el desarrollo. Karch respondió públicamente de una manera que ella rechazó, mientras que Willits ofreció después una explicación distinta: calificó aquellas palabras de sarcasmo y negó que la empresa haya sustituido personal por IA. Hasta ahora, las fuentes públicas consultadas no aportan documentación laboral independiente que permita establecer qué ocurrió con ese puesto.
Para Azutora, la parte más interesante está precisamente en esa contradicción. Saber no presenta la IA como sustituto general de sus trabajadores, pero tampoco como una tecnología ajena al desarrollo: la está probando en funciones delimitadas. El caso de Rideshare Stimulator puede convertirse en una referencia útil sobre cómo un estudio separa autoría humana, automatización y contenido experimental.
Lo que falta es concreto: documentación independiente sobre la relación laboral de Sacco, el momento exacto en que cambió su función y el alcance real de las herramientas utilizadas durante su trabajo. Sin esos elementos, no sería correcto transformar una acusación y una negación empresarial en un hecho cerrado. La señal verificable hoy es que Saber reconoce experimentación con IA y niega haberla usado para sustituir trabajadores.
También será útil observar si otros estudios adoptan una política similar de separar herramientas experimentales de sustitución de puestos. En este caso, esa separación no elimina el conflicto, pero sí permite identificar con precisión qué uso de IA reconoce la empresa.
